Es un notable
agricultor de la comunidad de Arenita, en el municipio de El Valle, provincia
Hato Mayor, donde se afilió a una asociación campesina que le gestionó con el
Instituto Agrario Dominicano (IAD) una parcela, que se considera la modelo del
proyecto AC-La Piñita. “Perdí mis piernas por una Elefantiasis, pero no he
perdido el deseo de vivir, por eso llevo más de siete años dedicado a darle
vida a la tierra, sembrando más de 20 tareas de plátano, yuca, yautía, rulo,
maíz, tayota y otros cultivos, para poder sobrevivir y ayudar a mi madre y
hermana, que también han perdido sus extremidades, afectadas de Elefantiasis”,
dijo con voz avivada, como con ánimo de seguir viviendo para producir.
Para llegar a
su parcela, el discapacitado tiene que recorrer unos 15 kilómetros a caballo y
cuando llega al fundo recorrer con sus brazos, que le sirven de pies, los
sembradíos.
Aparte de
cultivar la tierra, Pedro Martínez Cisneros hacha grandes troncos de árboles
que permanecen en el suelo y que fueron derribados por los vientos huracanados
del ciclón Georges el 22 de septiembre de 1998.
Llegó a
El Valle hace siete años, movido por el deseo de conseguir un pedazo de tierra
donde ganarse la vida.
Cuando está en
el campo duerme sobre una colchoneta que lanza al suelo de una zahúrda o
rancheta que construyó con techo y cobija de pencas de yagua, para guarecerse
de las inclemencias del tiempo.
No tiene un
techo seguro donde vivir en el campo y cuando va al pueblo a vender los rubros
y frutos recolectados, entonces duerme en el piso de la iglesia donde se
congrega, la Iglesia de Jesucristo el Buen Samaritano”, de El Valle.
Ha preferido
pernoctar más en el campo, llevando una vida solitaria, teniendo que producir y
cocer sus alimentos para subsistir y prolongar su vida.
Perdió sus dos piernas
debido a la Elefantiasis hereditaria que afecta a la familia, una enfermedad
donde la sangre no tiene protagonismo por las bacterias.
La primera
pierna le fue amputada 1978 y la otra en 1987.
Su impedimento
físico no ha sido motivo para quedarse en casa, pues ahora el diminuto hombre
ha preferido escoger las empinadas montañas del proyecto agrario AC-La Piñita,
en la sección Arenita, en El Valle de Hato Mayor, para producir lo que va a
comer para vivir y ayudar a su madre, Dilia Cisneros y su hermana Altagracia, a
quienes la Elefantiasis las tienen postrada que no pueden movilizarse en
Sánchez de Samaná.
“Cuando estoy en el
campo me acuesto a las 7:00 de la noche, pero ya a la 4:00 de madrugada tengo
los brazos sobre la tierra, para caminar al conuco; no tengo descanso, llevo
una vida de miserable, pero he tenido que ajustarme a mi condición de pobre”,
apuntó.
Su discapacidad le
ha permitido desarrollar habilidades asombrosas, como poner el freno, ensillar
o aparejar su caballo joco, así como trepar a los cocoteros y quenepas, cuando
hambre de frutas tiene.
Es padre de dos
hijas: Mercedes, de 28 años, que procreó antes de que le amputaran sus piernas
y a Yokasty de 16, que engendró después que quedó sin sus extremidades
inferiores y quienes lo visitan a menudos en el campo..
Tiene el valor
que le falta a hombres que teniendo sus dos piernas y brazos se han dedicado a
ser pedigüeños, robar y matar para conseguir dinero.
Nunca conoció
a su padre, pero dijo que aprendió de su madre a no rendirse y buscar de Dios,
“lo que he hecho para ganarme la paz espiritual que siento, aunque esté
arropado de miseria”.
LLORA
CUANDO VE GENTE
Al
noble y laborioso campesino no se le puede mencionar o recordar a su
progenitora, Doña Dilia Martínez, porque de inmediato los parpados se humedecen
y hay que agarrarlo y consolarlo, porque de inmediato entra en estado de
depresión.
“Es que ya puedo
hacer poco por mi madre, ella está postrada en una cama con sus dos piernas más
gordas que la las patas de una elefante vieja, y mi hermana Altagracia, que
está con ella también tiene una su pierna derecha amputada por culpa de la
Elefantiasis y no tiene próstesis”, suspiró al hablar para luego dejar escuchar
un quejidos de impotencia… “Caramba Dios, ayúdame, es ahora que te necesito”.
“Si alguien me
va ayudar, que lo haga primero con mi madre, que tiene sus dos piernas
más gorda que las patas de un elefante gigante y no tiene recursos para
enfrentar la enfermedad que la consume cada día bajo el zinc de una humilde
casa de madera alquilada en la comunidad de Arroyo Higüero, en Sánchez de
Samaná.
A Altagracia
Martínez Cisneros, su hermana le amputaron la pierna derecha, afectada de la
misma enfermedad, pero que le hace falta una próstesis para poder movilizar y
ayudar a su madre a realizar sus necesidades fisiológicas.
Esta familia
oriunda de la comunidad arrocera conocida como “La Gorda”, a unos 8 kilómetros
de Nagua, vive un cuadro desolador que amerita que el gobierno Central o gente
de buen corazón vaya en su auxilio, para poder prolongar los años de su sufrida
vida.
LA
ELEFANTIASIS
Esta
enfermedad que llevó a Pedro Martínez Cisneros a perder sus piernas, a su
hermana perder otra y a su progenitora estar postrada en cama, se caracteriza
por el engrosamiento de la piel y los tejidos.
Es una
enfermedad de origen bacteriana y es causada por la filariosis o podoconiosis y
en presencia de gusanos microscópicos, parásitos.
La
elefantiasis se produce en presencia de gusanos microscópicos, parásitos,
transmitidos por los mosquitos.
Es una enfermada que
se agrava con las infecciones oportunistas, según el doctora Elsa Ruiz,
dermatóloga que ha tratado varios casos en la región Este.
Es una
enfermedad común en las regiones tropicales y África. Los gusanos adultos viven
solamente en el sistema linfático humano.
Según los
expertos médicos, los esfuerzos en todo el mundo para eliminar la filariosis
linfática están en camino de ser potencialmente exitoso para el año 2020. No
existe vacuna disponible, pero es probable que se desarrollen en un futuro
próximo.
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